Fui a Wimbledon y volví pensando en marketing

Fui como fan del tenis. Volví pensando en marca, en experiencia de cliente y en por qué hay gente haciendo cola para pagar £2.85 por fresas. Wimbledon no es un torneo. Es una de las operaciones de marketing más sofisticadas del planeta disfrazada de tradición inglesa. Y esto es lo que vi.

Llevo viviendo en Londres un tiempo y Wimbledon era una de esas cosas pendientes. Fui. Y desde que entré al All England Club hasta que salí, algo no me dejaba de dar vueltas en la cabeza: cada detalle de esta experiencia está pensado. Nada está aquí por accidente. El verde exacto del césped, el blanco de los jugadores, el silencio entre puntos, la fila para las fresas. Todo comunica lo mismo con una precisión que pocas marcas en el mundo son capaces de replicar.

Estas son las lecciones que me traje.

El All England Club, SW19, Londres. 149 años construyendo la misma experiencia.

38tde fresas consumidas por edición, recogidas a mano cada mañana en Kent
140Kporciones de fresas con nata vendidas en cada torneo
500M+espectadores globales, es el Grand Slam con mayor audiencia del mundo

1.La tradición no es el pasado. Es tu ventaja competitiva más difícil de copiar.

Lo primero que te golpea cuando entras es que todo es exactamente como lo recuerdas de haberlo visto en televisión. El mismo verde. El mismo blanco. Y esa sensación de familiaridad en algo que estás viendo en persona por primera vez es el resultado de décadas de decisiones conscientes de no cambiar nada.

Mientras otros eventos deportivos han cedido a la presión de modernizarse, cambiar formatos, añadir publicidad en las pistas, reinventar su identidad visual. Wimbledon ha protegido cada detalle con una ferocidad casi obsesiva. El código de vestimenta completamente blanco existe desde el siglo XIX. Las pistas de césped son las mismas. Y en las pistas no hay un solo cartel publicitario. En un mundo donde cada centímetro de visibilidad deportiva está vendido, las pistas de Wimbledon están limpias.

La austeridad visual de Wimbledon no es un rechazo a la comercialización. Es la comercialización más sofisticada posible.

Al negarse a poner publicidad en las pistas, Wimbledon consiguió que cada marca que aparece en sus instalaciones valga exponencialmente más. La escasez crea valor. Un logo en Wimbledon significa algo que ningún otro torneo puede ofrecer, precisamente porque no hay más logos.

2.Ralph Lauren no patrocina Wimbledon. Ralph Lauren es Wimbledon.

Ralph Lauren viste al personal del All England Club desde hace 20 años. No como patrocinador. Como parte del paisaje.

Antes de entrar al club ya vi el primer ejemplo de marketing brillante: los recogepelotas, los jueces de línea, todo el personal vestía Ralph Lauren. Lleva 20 años siendo el único diseñador oficial del torneo. Y lo llamativo, viéndolo en persona, es que no lo percibes como publicidad. Lo percibes como ambiente.

En lugar de poner su logo en cada esquina, Ralph Lauren absorbió el equity emocional de Wimbledon: disciplina, excelencia, tradición, aspiración. Este año lanzaron una colección ultra-luxury Purple Label diseñada y fabricada en Italia exclusivamente para el torneo. Y fueron más allá del club: transformaron su flagship de New Bond Street en un espacio inspirado en Wimbledon con instalaciones florales, talleres de personalización y el café con fresas y nata. Los compradores no necesitaban salir de la energía emocional del torneo para comprar algo.

El mejor patrocinio no dice «patrocinado por X». Se integra tan profundamente en la experiencia que el público no puede imaginar el evento sin esa marca. El objetivo no es visibilidad. Es pertenencia.

3. £2.85 por fresas. Y hay cola. El poder del ritual de marca.

Compré fresas con nata. No porque tuviera hambre. Las compré porque dentro de Wimbledon hay algo que te empuja a participar en cada ritual, y las fresas son el más poderoso de todos. Las fresas vienen de Hugh Lowe Farms en Kent — más de 25 años siendo el único proveedor oficial, recogidas a mano cada mañana para que lleguen en su punto exacto de madurez.

A £2.85 la porción hay cola. Y mientras hacía esa cola entendí algo: no estaba comprando fruta. Estaba comprando un momento. La foto, la sensación, ese instante en que te sientes parte de algo que ocurre desde 1877. Y ese ritual se multiplica: supermercados y restaurantes de todo Reino Unido lanzan productos de fresas con nata durante las dos semanas del torneo. Wimbledon convierte una fruta de temporada en un vehículo de extensión de marca sin gastar un solo penique en publicidad.

La lección

¿Tiene tu marca un ritual? ¿Algo que la gente haga contigo de forma consistente y que forme parte de su experiencia, no solo de tu producto? No necesitas 149 años. Necesitas un ritual que valga la pena repetir.


Lección 04 · Glocalización

Un torneo británico que habla con 500 millones de personas en su propio idioma.

Wimbledon es profundamente, orgullosamente británico. Y aun así tiene 500 millones de espectadores en todo el mundo. Esa tensión entre identidad local y alcance global es uno de los equilibrios más difíciles del marketing, y Wimbledon lo resuelve de una forma elegante: no diluye su identidad, sino que encuentra formas de que culturas distintas se reconozcan en ella.

El ejemplo más brillante de este año: Wimbledon se asoció con Kuremal Kulfi, una heladería histórica de Delhi, para lanzar una kulfi edición limitada de fresas con nata disponible exactamente durante los 15 días del torneo. El sur de Asia representa 82 millones de espectadores de Wimbledon y ha visto un 62% de aumento en fans que viajan al torneo en persona. Wimbledon no cambió sus fresas. Encontró a alguien que supiera contarlas en otro idioma.

Identidad global intacta. Expresión local auténtica. Ese es el equilibrio exacto de la glocalización bien hecha.


Lección 05 · Storytelling espontáneo

Los mejores relatos de Wimbledon no los planifica nadie. Se escriben solos.

Esta semana Djokovic hizo su victoria 105 en Wimbledon, igualando el récord histórico de Roger Federer.

Mientras estaba ahí pasaron cosas que ningún departamento de marketing podría haber planificado. Djokovic venció a Rinderknech en cuatro sets — la victoria número 105 de Novak en Wimbledon, igualando a Roger Federer como el jugador con más victorias en la historia del torneo. Dos leyendas conectadas por un número. La narrativa se escribe sola.

Y luego estaba Arthur Fery, el wild card británico de 21 años que esta semana llegó a cuartos de final siendo el primer wild card en conseguirlo en el cuadro masculino desde Nick Kyrgios en 2014. Un chico local, sin expectativas, haciendo historia en Centre Court ante una multitud que enloqueció. Eso no se compra con ningún presupuesto de contenido.

La lección

Wimbledon lleva 149 años creando las condiciones — el césped, la historia, la presión, las tradiciones — para que los deportistas generen narrativas que el mundo quiere consumir. A veces tu trabajo como marca no es contar la historia. Es crear el escenario donde ocurra sola.


Lección 06 · Scarcity y exclusividad

The Queue: cuando la espera es parte del producto.

Antes de entrar vi The Queue — la famosa cola de Wimbledon — y entendí de inmediato por qué existe. Miles de personas que acampan la noche anterior para conseguir entradas de día. Hay una guía oficial de cómo hacer la cola correctamente. Voluntarios que la gestionan con una seriedad casi ceremonial.

Desde fuera parece un problema de aforo. Desde dentro es un generador masivo de earned media, sentido de pertenencia y valor percibido. Las personas que hacen la cola no están sufriendo: están participando en un ritual que las conecta con algo más grande. Y cuando entran, la experiencia vale más precisamente porque tuvieron que ganársela.

Lo que no se consigue fácilmente se desea más. Wimbledon lo sabe desde 1877.


Lección 07 · Consistencia de marca

149 años diciendo lo mismo. Y funciona mejor cada año.

La lección que más me quedó grabada no fue ninguna táctica concreta. Fue algo más difícil de articular: Wimbledon sabe exactamente quién es. Sin ninguna duda. Y esa claridad de identidad, construida durante casi 150 años de decisiones consistentes, crea algo que ninguna campaña puede fabricar: confianza absoluta.

En un mundo de contenido efímero, de identidades de marca que se reinventan cada dos años para seguir tendencias, un torneo que mantiene su propuesta con una coherencia casi obstinada se convierte en algo escaso. Y lo escaso, como bien saben en Wimbledon, es lo que más se valora.

Salí del All England Club pensando en cuántas decisiones de «no cambiar nada» tomamos en BravesLab. Cuántas veces hemos protegido lo que nos define con esa misma ferocidad. Son las preguntas incómodas que te hace un torneo de tenis cuando tienes la cabeza en marketing. Y son exactamente las que vale la pena hacerse.

7 lecciones que me traje del All England Club

  • La tradición bien protegida es la ventaja competitiva más difícil de replicar.
  • La austeridad visual no es sacrificio comercial. Es la estrategia de monetización más sofisticada.
  • El mejor patrocinio no se ve como publicidad. Se siente como parte de la experiencia.
  • Un ritual de producto bien construido vale más que cualquier campaña publicitaria.
  • Glocalización: identidad global intacta, expresión local auténtica.
  • No siempre cuentes la historia. Crea el escenario donde ocurra sola.
  • La consistencia durante décadas construye lo que ningún presupuesto puede comprar.
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